“La mujer saharaui es un ejemplo de lucha y valentía. Es admirable, la llave de todo”

15837433_14677_1Fuente: noticiasdegipuzkoa.com / 25 de noviembre, 2014

Akila Sede (El Aaiún, Sáhara, 1971) lleva casi 20 años viviendo fuera de los campamentos de refugiados saharauis donde se crió. Llegó a Zarautz hace ocho años y le “indigna y entristece” ver que su pueblo continúa bajo la opresión de Marruecos

Zarautz. Akila Sede fue una de las protagonistas del evento que organizaron el Ayuntamiento de Zarautz y la asociación Saharautz el jueves pasado. Participó en la tertulia sobre la situación del pueblo saharaui en Modelo aretoa, con motivo de la proyección del documental El problema. Testimonio del pueblo saharaui. La obra que muestra la cruda realidad de las zonas ocupadas por Marruecos será analizada también en los centros escolares de la villa costera. Akila no comprende “las monstruosidades” que puede llegar a cometer el ser humano, entre ellas, violar a mujeres y niños. Nos abre las puertas de su casa de Zarautz con motivo del Día Internacional contra la violencia hacia las mujeres que tendrá lugar hoy. Comienza esta entrevista siguiendo la tradición saharaui, tomando el té.

Zarautz. Akila Sede fue una de las protagonistas del evento que organizaron el Ayuntamiento de Zarautz y la asociación Saharautz el jueves pasado. Participó en la tertulia sobre la situación del pueblo saharaui en Modelo aretoa, con motivo de la proyección del documental El problema. Testimonio del pueblo saharaui. La obra que muestra la cruda realidad de las zonas ocupadas por Marruecos será analizada también en los centros escolares de la villa costera. Akila no comprende “las monstruosidades” que puede llegar a cometer el ser humano, entre ellas, violar a mujeres y niños. Nos abre las puertas de su casa de Zarautz con motivo del Día Internacional contra la violencia hacia las mujeres que tendrá lugar hoy. Comienza esta entrevista siguiendo la tradición saharaui, tomando el té.

¿Cuánto tiempo lleva viviendo en Zarautz?

Llegué en el año 2006. Antes estuve viviendo en Granada y Valencia. Llevo casi 20 años fuera de los campamentos saharauis. Nací en El Aaiún, en la zona ocupada, pero con dos años ya estaba en los campamentos de refugiados donde me crié, en el desierto. En Zarautz estoy muy contenta. Como cualquier cultura, la vasca también tiene sus pro y sus contra, pero yo siempre intento coger lo bueno de cada una. Siempre digo que juego dos papeles; cuando estoy aquí me integro en la cultura zarauztarra y cuando estoy en Sáhara cumplo con las obligaciones de la mía, la musulmana. Es una suerte conocer culturas.

Y, ¿qué tal la vida en Zarautz?

Lo que menos me gusta es el frío (risas). Pero estoy contenta también en el trabajo. Estoy en silla de ruedas y trabajo junto a otras personas que tienen alguna discapacidad en un taller de montaje electrónico de Zarautz. Vine de Valencia por el empleo y llevo desde entonces trabajando ahí con gente muy amable.

Participó en el acto de la proyección del documental El problema. Testimonio del pueblo saharaui . ¿Cómo resultó la experiencia?

Fue muy duro ver lo que sucede en la zona ocupada de Sáhara. Habla de cómo se expulsó al pueblo saharaui. Yo tenía dos años cuando ocurrió y llegamos a los campamentos, pero mis padres y mis abuelos lo vivieron. Recuerdo aquello al ver a los refugiados en Siria y Líbano ahora. El mundo no es consciente de la tragedia que eso supone.

En la presentación del evento destacó que muchos conocen los campamentos, pero pocos lo que ocurre en la zona ocupada…

Así es, y es una barbarie lo que practica el Gobierno marroquí contra la población saharaui. Toda clase de torturas, violando a mujeres y niños… fue tan tremendo escuchar lo que se dice en el documental… Meten a las mujeres embarazadas en la cárcel, las violan con pan seco u objetos de metal… (respira). Estaba viendo la película y me preguntaba, ¿qué clase de ser humano es capaz de hacer esa monstruosidad? Te cuesta creerlo pero lo cuentan en primera persona y todo es cierto. Fue muy duro.

Vivió muchos años en los campamentos de refugiados antes de venir aquí. ¿Cómo es la vida allí?

Durísima. En invierno hace un frío tremendo y en verano hace hasta 50 grados. Además, la ayuda humanitaria ha bajado mucho en los últimos años. Por eso es tan importante traer a los niños en verano aquí y me alegro de que existan programas como Oporrak bakean.

Un programa que también ha visto disminuido el número de familias. ¿Qué les diría?

Que es vital traerlos unos meses y que se animen a acogerlos. Allí hace un calor tremendo en verano y tener la oportunidad de pasarlo aquí y conocer otra vida que no sea desierto, piedras o arena es muy importante. Aunque he de decir que yo pasé mi infancia allí, hacíamos juguetes con latas y era feliz. No conocía nada más que el desierto. Mi madre y mi abuela, por ejemplo, siempre tienen nostalgia de su tierra, de Sáhara, sus casas… Los niños, al venir aquí y ver el mar, se dan cuenta de que no lo tienen allí por culpa de Marruecos.

¿Cuál es el papel de la mujer allí?

La mujer es la llave de todo. Es una sociedad musulmana, con sus costumbres, pero quizá es un poco más abierta que en otros países porque la mujer para los saharauis lo es todo. Ha jugado un papel muy importante en la lucha. El hombre salió en el comienzo de la guerra y mi generación apenas conoce a sus padres. La mujer es madre, enfermera, profesora… todo lo que se hace en los campamentos lo maneja ella. Hoy en día hay ministras, abogadas… aunque como aquí, aún hay que trabajar mucho por la igualdad. La mujer saharaui es un ejemplo de lucha y valentía. Es admirable ver cómo lleva 40 años en ese sitio. De hecho, ves a una persona de 40 años allí y parece que tiene 60. Están envejeciendo muy rápido por el clima y la mala alimentación…

¿Cómo ve el futuro?

(Silencio) Están esperando que la ONU resuelva el conflicto, pero la ayuda no llega. La población saharaui se pone triste porque está envejeciendo en un lugar que no es su tierra y cuando parece que se ve un poco de luz al final del túnel, viene un problema en el mundo, se complica la cosa y la gente se olvida de la causa saharaui. La sociedad vasca está algo más concienciada y gracias a ella hay coches de Policía, ambulancias, proyectos de huertas, placas solares y otras tantas iniciativas en los campamentos.

Pronto se volverá a realizar la recogida de alimentos para enviar a los campamentos. ¿Qué siente?

Me suelen llamar desde Saharautz y suelo ir a ayudar a poner todo en cajas. Es un apoyo necesario para mi pueblo, pero al ver todo eso me digo, ¿cómo es posible que tenga en mi tierra el banco de pesca más rico del mundo y tenga que esperar a que llegue una lata de atún? Te indigna y cuando voy a ver a mis padres veo que mis hermanas y mis primas están haciéndose mayores y esto no cambia. Observo a jóvenes que terminan su carrera en Cuba, Rusia, Argelia o Egipto y vuelven a los campamentos, ¿qué futuro les espera? Y nadie hace nada. Ahora España reconoce el estado Palestino y, ¿nosotros? Para ellos no existimos.

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