Dice Noam Chomsky que la Primavera Árabe nació en el Sáhara Occidental. Que la chispa que prendió la llama del deseo de libertad en el norte de África saltó en el campamento de Gdeim Izik, bautizado como dignidad, y que fue protagonizada por saharauis. Aquel episodio de esperanza, sin embargo, concluyó con las fuerzas de Marruecos arrasando el campamento, acusaciones cruzadas de muertes y 25 saharauis detenidos. Uno de ellos, Hassana Alia, consiguió recientemente el estatus de refugiado político en España. Los otros llevan seis años encarcelados en Marruecos y ya fueron sido juzgados y condenados por un tribunal militar en un proceso que fue declarado nulo y que se está repitiendo durante estos días en la jurisdicción civil.

“El juicio que sufren mis compañeros es un teatro, una farsa para juzgar a activistas como presos políticos. No tienen pruebas de nada y las confesiones que tienen se han realizado bajo torturas”, explicaba hace apenas unos días el activista Hassana Alia en declaraciones a Carne Cruda.

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