42 kilómetros contra el olvido y por los niños saharauis

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  • El Sahara Marathon celebra 14ª edición con el objetivo de ayudar a los más pequeños
  • Los propios corredores han podido tomar la iniciativa y comenzar una recaudación por crowdfunding, con la que ayudar a los pequeños

MARTA GARCÍA / ElMundo.es

42 kilómetros y 195 metros atravesando desierto. Tramos de piedras dan paso a tramos de dunas, siempre bajo un sol de justicia. Con estos condicionantes, muchos corredores calificarían el Maratón del Sáhara como una auténtica locura. Pero los que ya lo han probado, afirman que es el único en el que al día siguiente no te duele nada. Quizá sea por las sonrisas de los niños que animan a pocos metros o por los cánticos de las mujeres saharauis que amenizan los kilómetros. Sea como fuere, en lo que todos coinciden es que el Sahara Marathon te cambia para siempre.

El próximo 24 de febrero se celebra la decimocuarta edición, que lleva por lema ‘Nosotros corremos por los niños saharauis’. Contará aproximadamente con 450 participantes, procedentes de 24 países repartidos por los cinco continentes. Entre ellos, veteranos de la prueba como el belga Daniel Dekkers, que con 80 años es la octava vez que participa, frente a otros que se estrenan en este reto y que serán los primeros de su nacionalidad en llevarlo a cabo, como lo son un grupo de taiwaneses que harán ondear la bandera de su país por primera vez en los campos de refugiados saharauis.

En esta edición dedicada a los niños, por primera vez se ha llevado a cabo una campaña de crowdfunding, a través de Better Now, en la que los propios corredores han podido tomar la iniciativa y comenzar una recaudación con la que ayudar a los pequeños que viven en unas duras condiciones en los campamentos de refugiados de Argelia. Ya suman más de 7000 euros, con los que se podrá, entre otras cosas, equipar a siete escuelas con todos los materiales necesarios para mejorar la calidad de la enseñanza.

Desde las poco más de dos horas y media de los más rápidos, hasta las siete de los más reposados, el crono queda en un segundo plano para todos. El trofeo más especial al que optan los corredores es la convivencia durante siete días en la jaima de una familia saharaui, compartiendo anécdotas y vasos de té, aderezados con sonrisas sinceras. Y es que los casi 40 años de exilio que sufre este pueblo no han hecho mella en su ánimo. Reciben a los corredores con inmensa alegría y les hacen sentirse uno más de la familia. Una experiencia inolvidable donde todos esperan que cada paso dado en los 42.195 metros les acerque hacia un Sáhara libre

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