Sueño con mi padre, entonces me despierto y miro a la pared y lloro …

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13446272_1406664526016554_383683240_o15 de de junio de 2016, Isabel Lourenço para porunsaharalibre.org

Fatma Zawi 8 años

Los hijos de los presos políticos saharauis son las víctimas olvidadas, que sufren las sentencias de sus padres en la piel.

De los más de 50 presos políticos saharauis, muchos de ellos tienen hijos e hijas menores. Algunos de estos niños nacieron después de la detención de sus padres.

Marruecos envía los presos políticos saharauis a cárceles marroquíes, fuera de los territorios ocupados del Sahara Occidental, secuestrando en realidad a estos hombres en un país extranjero a cientos y a veces a miles de kilómetros de sus familias.

Las autoridades marroquíes violan no sólo los derechos de los presos políticos y sino que también los derechos de sus hijos menores de edad.

Son varios casos de niños menores que vieron la detención y encarcelamiento de sus padres, con invasión de las casas, un escenario de violencia extrema que causa un trauma de por vida, como está documentado por diversas organizaciones e instituciones académicas.

Estos niños se ven privados de visitar periódicamente a sus padres, algunos de ellos nunca los visitaron y cuando se permiten las visitas, se realizan en un ambiente de intimidación.

Catarina, hija de José Casanova, un miembro del Partido Comunista portugués y preso político durante la dictadura de Salazar, atestigua que los efectos de ser hija de un preso político nunca desaparecen, incluso después de más de cuatro décadas. Recuerda las emociones que sentía de niña: el pánico, la ansiedad, la desesperación. El terror cuando la PIDE (policía del régimen fascista) entraba en la casa para llevar a cabo búsquedas.

A pesar de que en el momento no alcanzó la dimensión de la injusticia de la detención de su padre y su tía, recuerda las visitas de cárcel.

Asocia las visitas al frío, debido a los azulejos, los guardias y la separación física forzada.

Catarina se vio obligada a vivir en el exilio en Bruselas, un país del que no tiene grandes recuerdos y aún hoy en día no le gusta hablar francés.

Después de décadas Fatma Zawi vive el mismo drama. Saharaui nacida en Fuerteventura, hija de Houcein Zawi y Maluma Saadi, tiene dos hermanas, Aya 12 de años de edad, nacida en El Aaiún y Aziza 5 años, nacida en Bilbao.

Houcein Zawi es uno de los presos políticos saharauis del Grupo Gdeim Izik. Participó en 2010 en el campamento de protesta conocido como Gdeim Izik que juntó a decenas de miles de saharauis de los territorios ocupados en el desierto cerca de la capital El Aaiún, allí estuvieron durante un mes reclamando pacíficamente su situación social, económica y política, Noam Chomsky se refiere este campamento como el comienzo de la primavera árabe. Después del brutal desmantelamiento del campamento por los militares marroquíes centenares de saharauis fueron detenidas y torturadas por participar en esta protesta pacífica, 21 de estos presos fueron juzgados con sentencias desde 20 años a cadena perpetua, Houcein Zawi es uno de ellos.

Fatma es una chica como tantas otras, le gusta la ropa de color rosa, dibujos animados, adora los columpios y jugar en el parque, es cariñosa con sus primos pequeños. Le gusta bailar, pero no lo hace en público. “Cuando mi padre salga de la cárcel va a bailar” me dice con el aire serio de quien tiene que explicar lo obvio a un un adulto.

“No veo a mi padre desde hace dos años, el está muy lejos …. tenía 6 años la última vez que lo ví en la cárcel. Yo estaba allí con la mujer de mi abuelo, no podemos ir todas juntas.”

Houcein Zawi tiene una sentencia de 25 años, acusado de crímenes que no cometió, fue torturado brutalmente en numerosas ocasiones, sufre de asma y otros problemas de salud, la prisión donde se encuentra está a más de 1.100 kilómetros.

Para que su mujer y sus tres hijas lo puedan visitar tienen que gastar como mínimo 600 euros en el viaje y la estancia. Un coste muy alto para cualquier familia saharaui.

“No entiendo por qué mi padre está en la cárcel, vi un video de él hablando con un turbante en la cabeza en el campamento de Gdeim Izik, mi padre es bueno … en ese campamento las personas protestaban porque tienen problemas con los marroquíes. Los marroquíes se deberían ir a su país y dejar el Sahara, que paren de hacernos daño “.

Maluma interrumpe y dice: “Mi hija mayor, Aya, una de las veces que visitó a su padre, lo vio llegar rodeado por la policía esposado con las manos a la espalda, Aya quería abrazar a su padre, pero no podía, tenía 6 años de edad en ese momento y Fatma poco más de 2, comenzó a llorar mucho y le dijo al guardia que las personas que están presa son malas personas y delincuentes, que la policía debía detener a las personas malas no a las buenas, y ellos (los guardias) eran malos policías porque detuvieron a su padre que no hace daño a nadie, no es un criminal. Abrieron las esposas para calmar a la niña, pero permanecieron colgando y Fatma le preguntó por qué su padre tenía pulseras. “

La más pequeña, Aziza, también visitó a su padre en la cárcel, nunca vivió con su padre, ya que nació después de su detención.

Fatma continua: “La prisión está en Salé, Rabat, muy lejos, es un gran edificio con una puerta grande y luego un montón de puertas, tiene un montón de policías. Un hombre llama a los prisioneros, a continuación nos sentamos en una mesa con sillas, hay muchos prisioneros y familias y muchos guardias y oyen todo.

Lleve un terrón (dulce miel, clara de huevo y almendra) a mi padre y lo abracé muy fuerte, no lo quería soltar, yo estaba muy feliz, pero después lloré mucho, quería permanecer más tiempo con él. Esto fue hace mucho tiempo, aún era pequeña.

Mis hermanas y yo hablamos de nuestro padre cuando estamos juntas y a veces por la noche. Una vez soñé que me habían dicho que había sido puesto en libertad, me desperté y pensé que era verdad, desperté a mi hermana mayor para decirle que nuestro padre estaba libre, pero era sólo un sueño.

Queremos que el sea liberado, y los otros presos saharauis que están con él, no deberían estar presos, son buenos “.

Fatma no va a la escuela pública marroquí en El Aaiun en los territorios ocupados en donde viven, no es seguro, dice la madre.

“Sabes, yo sueño con mi padre, y cuando me levanto miro a la pared y lloro …. Cuando hablo con mi padre por teléfono primero pregunto cómo esta, después le cuento lo que está pasando en el hogar, en la escuela, con la familia .. “

Fatma quiere saber porqué no liberan a su padre y cuando lo van a liberar.

En El Aaiún hay muchas manifestaciones “Labadil Labadi Antakrir El Massir” – no hay otra solución que la autodeterminación, gritan los manifestantes, lo he visto muchas veces y luego llega la policía para pegarles y poner a la gente en camionetas. Golpean mucho a los saharauis por ser saharauis, no pegan a los marroquíes.

Entra en las casas y lo destruyen todo, pegan a la gente, yo le he visto … entran a la fuerza, no tienen llaves, no son visitas, entran a la fuerza!!!

Son muy malos, pero no les tengo miedo! Una vez le dije a uno que era malo y otras cosas.

Si pudiera pedir un deseo, pediría la libertad de mi padre, dice Fatma.

Maluma, escucha a su hija con tristeza en los ojos de una madre que no puede apagar el dolor de su hija.

“Ellas se ponen muy tristes cuando ven a otros niños que tienen padres. Para mí la detención de mi marido es muy difícil, no sólo porque esta muy lejos, sino debido a que la responsabilidad de criar a mis hijas es sólo mía. Me cuesta mucho no poder verlas felices. La mayor es la que quedó mas afectada, más enojada, le afectó sus estudios, quedo sin voluntad para hacer cualquier cosa … siempre esta triste …

La violencia a la que son sometidos los niños diariamente en los territorios ocupados es comparable a un escenario de guerra. Las furgonetas azules y blancas, coches de paisano, los miles de militares, policías y agentes de paisano recorren las calles, convirtieron este territorio una prisión a cielo abierto. La intimidación es constante y nadie está a salvo.

Fatma tendrá recuerdos dolorosos como Catarina, las dos son víctimas de un régimen de terror. La comunidad internacional no protegió a Catarina, y no protege a Fatma, a pesar de pasar décadas y todos los mecanismos para un referéndum en el Sahara Occidental están listos.

Cada uno de nosotros tiene el deber de exigir la liberación de estos hombres inocentes y de exigir que Fatma y todos los niños saharauis puedan vivir en su país libremente, sin el terror constante de la ocupación.