Las flores del desierto que estudian, luchan y resisten

joven saharauiPor Isabel Lourenço

Leila tiene 20 y pocos años, una chica de apariencia frágil y dulce y una energía desbordante.

Es estudiante saharaui, estudia inglés en una universidad marroquí como tantos otros estudiantes saharauis de los territorios ocupados que no tienen más remedio que estudiar en universidades ubicadas en Marruecos, lejos de sus familias y sus hogares y a merced de la discriminación de los profesores del régimen de ocupación.

La familia de Leila como tantas otras tienen presos políticos, desaparecidos y muertos, saharauis cuyo único delito es reclamar su ancestral derecho a su tierra, a su patria.

Conocí a esta chica hace tres años, cuando fue traductora por primera vez durante el juicio de un preso político saharaui. Recuerdo lo asustada que estaba, pero decidida y con un coraje inquebrantable y cómo a pesar de todas las dificultades consiguió superar sus miedos y llevar a cabo su tarea.

Activista saharaui, lucha y resiste sin violencia. Quiere su país libre de ocupantes ilegales y no tiene ninguna duda de que la victoria será del pueblo saharaui.

La encontré de nuevo en varias ocasiones y siempre con la misma determinación, una determinación que no disminuye a pesar de la feroz represión del ocupante.

Leila vive en una familia de mujeres, el padre murió, la madre no se volvió a casar y tiene sólo una hermana. Las dificultades son muchas pero la madre incentiva a sus hijas así como el resto de la familia.

Las jóvenes saharauis son animadas por sus familias a estudiar y en ningún momento se ven como una carga o un miembro menos válida de la sociedad saharaui. Al contrario, estas flores del desierto con sus melfas (traje tradicional) coloridas y su sonrisa mágica son guerreras, mujeres fuertes que tienen la capacidad de decidir y luchar, organizar y dirigir, muchas de ellas son símbolos de la resistencia dentro y fuera de los territorios ocupados.

La cuestión de la autodeterminación es esencial, me dice Leila, es la única solución y una solución justa para nuestro pueblo, que nunca dejaremos de luchar por nuestro país.

Le conté que había una estudiante portuguesa que va a escribir una tesis que sostiene que los saharauis están más radicalizados, que las mujeres saharauis hoy en día eran menos independientes, no eran animas a estudiar y salir de casa con el fin de lograr sus diplomas, y representar a su país.

Mira alrededor de la habitación llena de mujeres saharauis en la que estamos y se ríe, una risa de incredulidad y asombro. Ella es uno de los ejemplos vivos que todo eso son mentiras, dime: Míranos aquí y mira los campos de refugiados, mis amigas estudian, lideran, organizan, … quien dice esas cosas no nos conoce y lo único que hace es difundir mentiras.

Hablamos del mundo, de las guerras y de los ataques, Leila como todos los saharauis están descontentos con el manejo de su religión, el Islam no es nada de esto, queremos la paz y condenamos estos ataques. Algo que me repiten todos los estudiantes saharauis con los que hablé.

Una de los jóvenes saharauis en la habitación, una periodista, está enferma, sus compañeros de trabajo tratan de animarla y le harán un remedio casero. Esta solidaridad, el respeto y el afecto que existe entre los saharauis es algo único. El respeto de los hombre saharaui por las mujeres, no por imposición o normas, sino por la cultura y la tradición es digno de ser mencionado una y otra vez.

Ya sabes, que cuando una de nosotras es atacada por las autoridades de ocupación es lo mismo que atacaran a 100 hombres. Es un crimen similar. Agredir o insultar a una mujer es impensable para nuestra sociedad. Un hombre que maltrata a una mujer está condenado al ostracismo por todo el mundo. dice Leila.

Volvimos a hablar de la dificultad de estudiar siendo saharaui en los territorios ocupados. Muchas profesiones están prohibidas a los saharauis como medicina, la ingeniería, física. El hecho de tener que estudiar en Marruecos implica un gasto enorme para la familia lo que reduce las posibilidades de acceso. Leila no vive en el campus, ya que no es seguro, no podemos confiar en los estudiantes marroquíes y hay mucha policía y siempre que hay protestas invaden nuestros hogares, dice.

Pregunto por los 14 estudiantes saharauis que esperan juicio desde hace más de un año en la cárcel de Marrakech. “Ellos fueron detenidos tras las manifestaciones, tuvieron poca suerte, es nuestra vida …. Nadie habla de nosotros, ¿por qué no somos noticias!?!?!”

El día anterior la joven fue a visitar a los presos Gdeim Izik presos en la cárcel de El Arjat y me dijo con brillo en los ojos: “¿Cómo puedo quejarme hago tan poco!! Estaban emocionados y sonriente, que valientes!! Me transmiten mucha fuerza y son un ejemplo de nuestra lucha. Son Inocentes con penas de 20 años a perpetua, pero sonríen!!!”

Miro a este joven, que en cualquier momento puede ser detenida y torturada, una joven que estuvo frente al tribunal de Sale un día entero en la manifestación de apoyo a los presos de Gdeim Izik con tantos otros jóvenes y sus familias y amigos, y veo la fuerza, la increíble fuerza que tiene quién tiene la razón, quien defiende la justicia, quien defiende la paz.