¿Podrá John Bolton descongelar el impasse del conflicto del Sáhara Occidental?

FAROUK BATICHE/AFP/Getty Images

El Frente Polisario creó una presencia diplomática internacional con un presupuesto exiguo y ve la administración Trump como su mejor esperanza en décadas para obtener la independencia de Marruecos.

De R. JOSEPH HUDDLESTON | 09 de mayo de 2019 | foreignpolicy.com

En marzo, el enviado personal del secretario general de las Naciones Unidas para el Sáhara Occidental, Horst Köhler, acogió la segunda de una serie de conversaciones en mesas redondas para llevar un conflicto congelado a una solución pacífica. Este conflicto ha sido suspendido y está en un punto muerto desde el acuerdo de alto el fuego de 1991 que detuvo una guerra de 16 años entre la monarquía marroquí y el movimiento de liberación del Sáhara Occidental llamado Frente Polisario.

Además de combatir a los militares marroquíes apoyados por EEUU y Francia durante 16 años, Polisario construyó varios campos de refugiados en el sur de Argelia para acomodar a miles de familias que huyeron de la violencia. Se estima que 165.000 refugiados saharauis continúan viviendo en estos campos desde el inicio del conflicto.

Intentando por décima vez negociar un acuerdo para este conflicto aparentemente intratable en la mesa redonda en Ginebra, la ONU recibió representantes de los gobiernos de Marruecos, Argelia y Mauritania, al lado del Frente Polisario. Una tercera ronda de negociaciones probablemente está en camino. Ambas agencias de prensa marroquí y saharaui pronto promovieron los acontecimientos en Ginebra, alegando que el mundo apoyaba sus respectivas posiciones.

Estas posiciones tuvieron su origen en el acuerdo de alto el fuego, que establece un referéndum y la Misión de la ONU para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO). Ocho largos años después, el gobierno marroquí declaró inaceptable la lista de votantes realizada en 1999 por la ONU, porque excluía a ciertos ciudadanos marroquíes.

En la ocasión, el informe del secretario general de la ONU, Kofi Annan, observó que Marruecos y Polisario “comparten la creencia de que la composición del órgano electoral predeterminará el resultado del referéndum”. James Baker, enviado de la ONU a la MINURSO en la época, redactó otro documento, el plan de paz integral en 2003. Pidió cinco años de autonomía para el Sáhara Occidental, seguido de un referéndum que incluyó la opción de la independencia, y usó un rol de votantes extendido compuesto por todos los candidatos incluidos en la lista de 199, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas inlcuyó la repatriación de refugiados y todos los residentes del territorio hasta finales de 1999. El Consejo de Seguridad lo respaldó por unanimidad, pero el Gobierno marroquí lo rechazó, y Baker renunció exasperado.

En 2007, el gobierno marroquí propuso un plan que ofrecería autonomía al Sáhara Occidental sin posibilidad de independencia. En la época, el Consejo de Seguridad saludó el plan como “serio y fiable” y simplemente tomó nota de la posición del Polisario, que insistía en la independencia como una opción. Este fue el nacimiento del actual impasse: “autonomía en la peor de las hipótesis”, como la posición marroquí, y “referéndum” para el Frente Polisario. Este impasse perduró, Marruecos continuó con el control de facto y los 165 mil refugiados saharauis continuaron soportando décadas de desplazamiento en un paisaje rocoso insoportable del desierto.

En ese callejón, las líneas de frente pasaron del desierto árido al campo de la comunicación social y de la diplomacia. Estudiantes de la guerra civil y de la autodeterminación mostraron que las percepciones internacionales de conflictos son uno de los factores más importantes en la determinación de sus resultados. El reconocimiento internacional establece el estado; la soberanía sin reconocimiento es incompleta. Sabiendo esto, el Frente Polisario emprendió esfuerzos considerables para asegurar que los gobiernos de todo el mundo la noten. Está desempeñando el papel de un estado para una audiencia internacional, tal como ocurre en los campos del Sahara, que Polisario gobernó y administró independientemente de las Naciones Unidas desde 1976.

En ese callejón, las líneas de frente pasaron del desierto árido al campo de la comunicación social y de la diplomacia.

Mientras muchos pequeños países mantienen sólo algunas embajadas en el exterior, el Polisario tiene un representante permanente en casi todas las capitales de la Unión Europea, Rusia, Estados Unidos, Australia y muchos otros países, así como representantes para la ONU, la Unión Europea y la Unión Africana. Hay representantes de la República Saharaui (el gobierno civil que opera paralelamente al Polisario en países reconocidos) en casi todos los países que reconocen su condición de estado – el número de esos países fluctúa, pero actualmente es de 84. Mi investigación usando datos de fuentes públicas Comunicados de prensa y reportajes muestran que los representantes de Polisario y de la República Saharaui se reunieron con representantes de los gobiernos del mundo más de 250 veces en los últimos cinco años.

Estos esfuerzos diplomáticos lentamente muestran frutos. Cada año, nuevas solicitudes de monitoreo de derechos humanos se incluyen como parte del mandato de la MINURSO en el Sáhara Occidental, un esfuerzo agresivamente rechazado por el gobierno marroquí. Además, el apoyo oficial a la posición del Polisario en muchos países sigue creciendo. Un informe reciente del ministerio de exteriores sueco sobre el Sáhara Occidental afirmó que este territorio está “bajo ocupación”, un término que el gobierno marroquí condena.

Algunos años antes, en 2012, el parlamento sueco apeló al reconocimiento unilateral de la República Saharaui. En octubre de 2017, el senador italiano Stefano Vaccari testificó ante la Asamblea General de la ONU sobre la explotación ilegal de los recursos del territorio. El Polisario conquistó aliados como éstos en muchos gobiernos extranjeros. Aunque no hay apoyo unánime para el Polisario, en la era del impasse, no perdió tiempo en buscar nuevos amigos.

Sudáfrica ha sido un aliado particularmente confiable del Frente Polisario, llegando a confiscar un barco que transportaba una carga marroquí de fosfato del Sahara, que se detuvo en Ciudad del Cabo en junio de 2017. La carga fue confiscada, y evaluada en US $ 5 millones, y en marzo de 2018 fue entregado a Polisario. África del Sur también defiende dentro de la Comunidad de Desarrollo del África Austral, una organización intergubernamental con 16 estados miembros, la “solidaridad inquebrantable con el Sáhara Occidental”.

Polisario construyó esta red diplomática con presupuestos extremadamente austeros. La mayoría de sus diplomáticos realizan operaciones de un solo hombre o de una mujer, viviendo y trabajando en apartamento. De acuerdo con una entrevista con un ministro de Relaciones Exteriores del Polisario, su representante en Washington tiene un presupuesto de unos 6.000 dólares al mes, que tiene que cubrir todos los gastos personales, de apartamento, de viaje y trabajo, incluyendo invitar a políticos y funcionarios para conversaciones en cenas de nivel diplomático y asistir a costosos eventos.

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