OPINIÓN: Cinismo e indignidad

Por Alexandre Abreu – expresso.pt – 20 de mayo de 2021

La situación en Ceuta es un caleidoscopio de inequidades en la política internacional. En el lado europeo, muestra cuánto tenemos que caminar hasta que el respeto del derecho internacional prevalezca sobre el cinismo de la realpolitik.

Hay múltiples capas de cinismo e indignidad en torno a lo que ha estado sucediendo en Ceuta en los últimos días. Para los menos atentos, desde principios de esta semana unos miles de migrantes y solicitantes de asilo, originarios de Marruecos y países del África subsahariana, han llegado al enclave español de Ceuta, en territorio marroquí, en cifras récord. Para ello se beneficiaron del beneplácito de las fuerzas de seguridad marroquíes, que habitualmente garantizan la seguridad de la frontera del lado marroquí.

Según la mayoría de los análisis, este cerrar de ojos marroquí es una represalia por el hecho de que España aceptó unos días antes acoger al líder del Frente Polisario Brahim Ghali, de 73 años, que está infectado con Covid-19 para recibir tratamiento médico. Por tanto, Marruecos está jugando la misma carta que Erdogan ha utilizado varias veces en los últimos años y que también tiene precedentes en el caso marroquí: utilizar a poblaciones especialmente vulnerables como peones en la política exterior.

Por supuesto, este cinismo por parte de Marruecos (o, en tantas otras ocasiones, por parte de Turquía) sólo puede funcionar a partir del momento en que hay una anterior y mayor indignidad por parte de la Unión Europea: la ausencia de una política migratoria y de asilo funcional, decente y basada en principios humanitarios y derecho internacional. Dos de las características más desastrosas de la política europea de asilo y migración, en la práctica, son la ausencia de mecanismos seguros de acceso al territorio europeo (¿por qué tantos migrantes pagan miles de euros para cruzar los mares con un enorme riesgo de vida, transformando el Mediterráneo y la costa atlántica de África en un cementerio?) y la externalización del control de las fronteras exteriores a países como Marruecos, Turquía o Libia, que tan a menudo implican violaciones de los derechos de los migrantes y solicitantes de asilo.

Otro aspecto siniestro de la práctica europea en el ámbito de la migración y el asilo es el recurso a la expulsión colectiva de migrantes y solicitantes de asilo inmediatamente después de su entrada en el territorio, sin tener en cuenta las circunstancias individuales y sin permitir la presentación y tramitación adecuada de una eventual solicitud de asilo. Esta práctica, conocida como “devolución en caliente”, es contraria al derecho internacional, incluidas varias convenciones de derechos humanos ratificadas por países europeos, y en la práctica constituye una denegación del derecho de asilo y protección. Parece que esto también ha sucedido en los últimos días: la mayoría de las miles de personas que llegaron al territorio de Ceuta fueron expulsadas de inmediato por las autoridades españolas, sin que se les diera la oportunidad de presentar solicitudes de asilo.

A su vez, el trasfondo geopolítico es una indignidad con largas raíces históricas: la ocupación colonial ilegal del territorio del Sahara Occidental por el Reino de Marruecos, que se remonta al fin de la ocupación española en 1975. A la luz del derecho internacional y en Según diversas resoluciones de las Naciones Unidas, el Sáhara Occidental es un territorio ocupado no autónomo cuyas legítimas aspiraciones a la libre determinación aún no se han hecho realidad. Marruecos espera que la situación sea de hecho irreversible, poblando y controlando militarmente el territorio y haciendo inviables las condiciones de vida de la población saharaui, gran parte de la cual se encuentra en campos de refugiados en territorio argelino. Y si la situación ya era muy difícil y precaria para los saharauis, se ha agravado en los últimos meses, con el fin de un alto el fuego de tres décadas, la vuelta de los enfrentamientos y el reconocimiento por parte de la Administración Trump de las intenciones marroquíes en el pasado mes de diciembre, como moneda de cambio para que Marruecos hiciera la vista gorda ante la política agresiva y criminal de Israel en los territorios ocupados, otra indignidad e inhumanidad muy presente en la agenda.

Podría seguir desenredando esta madeja de indignidades de la realpolitik en la que pocos son buenos para la fotografía – aunque, en el caso europeo, no se abstienen de hacer grandes discursos sobre liderazgo moral. Prescindiríamos de ese liderazgo: ya sea en relación con la política europea de migración y asilo, la situación criminal en Palestina, las legítimas pretensiones saharauis o la política exterior en general, bastaría con respetar los derechos humanos y el derecho internacional.