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ALGIERS – APS.dz .- La cuestión saharaui está experimentando un apoyo sin precedentes que sigue creciendo en todo el mundo, incluido el restablecimiento de relaciones diplomáticas con algunos países que demuestran su compromiso con el respeto de la legalidad internacional y el derecho a la autodeterminación y la soberanía de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).

Las nuevas victorias diplomáticas logradas por el Frente Polisario en la escena internacional se ilustran en particular en África con el anuncio, el martes, de la Misión Permanente de Sudán del Sur ante las Naciones Unidas en una declaración para restablecer las relaciones diplomáticas entre Juba y la RASD, suspendidas en 2018, tras una reunión entre el vicepresidente de Sudán del Sur, Hussein Abdelbagi Akol, y el jefe de la diplomacia saharaui, Mohamed Salem Ould Salek, al margen de los trabajos de la 77ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Unos días antes, Kenia había asegurado en un comunicado que su posición sobre la República Saharaui está plenamente alineada con la Carta de la Unión Africana (UA) y la Resolución 690 del Consejo de Seguridad de la ONU, que reivindica el derecho indiscutible e inalienable del pueblo saharaui a la autodeterminación mediante la organización de un referéndum libre y justo dirigido por la ONU y la UA. “Kenia apoya la aplicación de esta resolución del Consejo de Seguridad de la ONU al pie de la letra”, insistió.

En América Latina, Perú ha reafirmado en varias ocasiones el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con la RASD y su apoyo al derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación.

La última de ellas fue el martes, en voz de su presidente Pedro Castillo Terrones, en su discurso ante la Asamblea General de la ONU: “Perú ha restablecido las relaciones diplomáticas con la RASD y apoya firmemente su derecho a la autodeterminación. Damos nuestro amplio apoyo a las acciones emprendidas por el representante del Secretario General de la ONU (Staffan de Mistura) para restablecer el alto el fuego en el Sáhara Occidental y promover una solución negociada y pacífica”, declaró.

Y el pasado mes de agosto, Colombia había tomado la iniciativa de anunciar la decisión de reanudar las relaciones diplomáticas con la República Saharaui, de acuerdo con los principios y objetivos de la Carta de la ONU y el acuerdo celebrado entre ambos países el 27 de febrero de 1985, tras la audiencia concedida por el presidente colombiano, Gustavo Petro, al ministro saharaui Ould Salek.

Marruecos sufre un nuevo revés

En el plano jurídico, la reciente decisión del Consejo de Estado francés a iniciativa de la Confédération Paysanne relativa a las importaciones agrícolas procedentes del territorio del Sáhara Occidental ocupado, ha reforzado aún más la posición del Frente Polisario, que la ha acogido calurosamente.

La Confédération Paysanne había pedido al gobierno francés que emitiera un decreto para prohibir la importación de tomates cherry y melones cosechados en el territorio saharaui ocupado, con el argumento de que el Sáhara Occidental no pertenece al Reino de Marruecos, tal y como dictaminó el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) en 2016 y 2018, subrayando que “presentar estos productos como originarios de Marruecos viola el derecho de la UE y las sentencias del Tribunal.”

“El Consejo de Estado ha rechazado los argumentos de las autoridades francesas y ha dictaminado, tal y como pedía la Confédération paysanne, que este caso se someta al TJUE para determinar si, según la legislación europea, las autoridades marroquíes son competentes para expedir certificados de conformidad que permitan a estos productos agrícolas acceder al mercado europeo”, ha declarado el Frente Polisario.

Cabe recordar también que la reacción del majzén, tras la participación del presidente saharaui Brahim Ghali en la 8ª Conferencia Internacional de Tokio sobre el Desarrollo de África (TICAD8) celebrada en Túnez, y la calurosa acogida que recibió, demuestran la sensación de un fracaso estrepitoso en la consecución de los objetivos de su adhesión en 2017 a la Unión Africana (UA).

De hecho, Marruecos, que había optado por la política de la silla vacía, pretendía, con sus prácticas, ejecutar agendas exteriores subversivas dirigidas a la paz y la estabilidad de la región, pero también socavar la cohesión y la unidad de los países y pueblos de la Unión Africana.